El día viernes 19 de junio, se ha celebrado la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que da sentido a las celebraciones religiosas del mes de junio y, por indicaciones del Papa Benedicto XVI, marcó el inicio del Año Sacerdotal.
El Papa ha convocado a este Año Sacerdotal porque el próximo 4 de agosto celebraremos 150 años de la muerte de san Juan María Vianney, cura de Ars y patrono de los sacerdotes.
El Año Sacerdotal es una ocasión propicia para varios aspectos, algunos de los cuales menciono en seguida:
• Agradecer a Dios Padre el Regalo que nos ha hecho de Su Hijo, Sumo y Eterno Sacerdote. Seguir encontrando en Jesucristo la fuente y la plenitud, porque Él es “Camino, Verdad y Vida”. Esto lo vivimos en cada advocación con que nos dirigimos a Él, por ejemplo ahora en la fiesta del Sagrado Corazón, lleno de bondad y misericordia hacia todos.
• Agradecer a Cristo Jesús la vocación del sacerdocio ministerial, por la que llama a personas concretas a prolongar su misión de actuar “en su persona” como Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia.
• Conocer más la vida de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, encontrando en él, así como en muchos otros santos sacerdotes, el testimonio admirable de respuesta a Cristo Jesús.
• Agradecer a Dios por el testimonio y servicio de muchos sacerdotes –vivos o difuntos- que nos han ayudado a lo largo de nuestra vida.
• Los que hemos sido llamados al sacerdocio ministerial, agradecer a Dios este don inmerecido y renovarnos en nuestra respuesta a Él y en nuestro servicio a la comunidad. En este sentido, atender e incrementar el espíritu de formación permanente en todos sentidos.
• Reconocer con humildad y pidiendo a Dios perdón por los malos ejemplos que han y hemos dado los sacerdotes.
• Reconocer con alegría y gratitud los buenos ejemplos que muchos más sacerdotes han dado para edificación de todos.
• Orar por el aumento de las vocaciones al sacerdocio ministerial. Cristo Jesús sigue llamando, que las personas llamadas respondan con alegría y perseverancia.
• Que las familias proclamen y vivan valores humanos y cristianos, centradas en Jesucristo, promoviendo en todos sus miembros la forma concreta de seguir a Cristo Jesús, sea en el sacramento del matrimonio, en el orden sacerdotal o en la vida consagrada. Ir fomentando desde la infancia el discernimiento de la vocación a la que los pueda llamar Cristo Jesús.
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